Asunto: ¿Cómo definirías el estado de hipertensión?
La hipertensión es un estado de la mente: el resultado de haberte vuelto demasiado racional y haber olvidado tus sentimientos. La hipertensión es la consecuencia de un desequilibrio; la raíz de la hipertensión es un exceso de confianza en la razón. La gente que vive en la cabeza se vuelve hipertensa. La relajación llega a través del corazón. Uno tendría que ser capaz de poder moverse fácilmente de la cabeza al corazón, al igual que uno entra y sale de su casa. Uno debería fluir entre la cabeza y el corazón. Estas son las dos orillas del río en el que estás. No deberías aferrarte a una orilla, de lo contrario la vida se desequilibra.
Occidente padece de mucha hipertensión porque ha olvidado el lenguaje del corazón. Y solamente el corazón sabe cómo relajarse, porque solamente el corazón sabe cómo amar. Solamente el corazón sabe gozar, celebrar. Solamente el corazón sabe cantar y danzar. La cabeza no sabe nada de danza; la cabeza cree que la danza es algo estúpido. La cabeza no sabe nada de poesía, la cabeza condena la poesía.
¿Sabías que uno de los filósofos más importantes, Platón, en sus reflexiones acerca de la república utópica dijo que en ella no habría lugar para un poeta? En su república, en su ideal de la sociedad, no deberían permitirse los poetas. ¿Por qué? Porque él temía a los poetas. Dice:
«Los poetas son fantasiosos, los poetas son soñadores, los poetas traen confusión y misticismo, y no queremos nada de eso. Queremos una sociedad bien definida, lógica, prosaica». Esa sociedad será hipertensa; todo el mundo estará neurótico. En la república de Platón, si alguna vez se hace realidad -y vamos camino de ello-, todo el mundo estará neurótico, todo el mundo tendrá su psicoanalista. Para cualquier asunto tendrán que consultar con su psicoanalista. Y ello ya empieza a ser una realidad en occidente. Me contaron que, en Nueva York, dos niños estaban hablando tal y como han hablado siempre los niños a lo largo de los siglos, pero lo que decían era muy nuevo. Un niño le decía al otro: «Mi psicoanalista puede ganarle al tuyo cuando quiera». Los niños siempre han hablado de esta forma: «Mi padre sabe más que el tuyo», o «Mi casa es más grande que la tuya», o «Mi perro es más fuerte que el tuyo». Así es el ego incipiente de un niño. Pero qu!
e uno le
diga al otro: «Mi psicoanalista puede ganarle al tuyo cuando quiera», esto es algo nuevo.
Tres mujeres estaban hablando acerca de sus hijos. Una decía: «Mi hijo es el mejor de la clase; siempre es el primero». La segunda decía: «Mi hijo solamente tiene siete años y puede tocar música como un Mozart, como un Wagner» La tercera dijo: «Eso no es nada. Mi hijo solamente tiene cinco años y va solo a su psicoanalista».
La hipertensión es un estado en el cual has perdido la armonía. Eres incapaz de escuchar tu corazón, tu vida se reduce a la lógica; y la lógica siempre es muy superficial. Cuando tu vida se rige por la lógica, solamente crea ansiedad; nunca te aporta paz, solamente te trae más y más problemas. Nunca soluciona los problemas –no puede solucionarlos, no está en sus manos-, solamente pretende solucionarlos, te da promesas. Te dice una y otra vez: «Yo solucionaré los problemas», pero nunca se solucionan. Los problemas se agrandan y no sabes cómo salir de ellos, porque no sabes cómo salir de tu cabeza.
No sabes cómo jugar con los niños, no sabes cómo amar a tu mujer, no sabes cómo charlar con los árboles o dialogar de vez en cuando con las estrellas. Lo has olvidado completamente, has dejado de ser un poeta, tu corazón ha dejado de palpitar.
Y cuando una parte de tu ser ha sido reprimida, esa parte toma revancha. Cuando se reprime una parte de la mente, esa parte toma revancha. Y el corazón es la parte más vital, la parte más fundamental. Uno puede vivir sin cabeza pero no sin corazón. La cabeza es un tanto superficial, es casi como un lujo, pero uno no puede vivir sin corazón. La cabeza es un atributo exclusivo del hombre, así que no puede ser muy esencial. Los animales viven perfectamente sin ella de forma mucho más silenciosa y feliz que el hombre. Los árboles viven sin cabeza, al igual que los pájaros, los niños y los místicos...
Osho
De la Medicación a la Meditación
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