lunes, 28 de julio de 2008

Un verdadero hombre de paz vive en el mundo y, no obstante, no es del




Harà todo lo que pueda por apagar el incendio pero, aùn asì,
permanecerà imperturbable.

Para mì, esa integraciòn es la verdadera paz. Ustedes creen que
pueden conseguir la paz interior retiràndose del mundo, pero yo les
digo que asì no se logra, y que jamàs podràn lograrla dedicàndose
a "apaciguar la voràgine de la mente". Al acallar la mente
sencillamente la obligan a estar en paz. Es una especie de represiòn.
La represiòn no produce verdadera paz. No hay que reprimir a la mente
sino comprenderla. ¿Por què es tan ruidosa la mente? ¿Por què ese
ruido incesante? Todo este fenòmeno de la mente debe comprenderse con
amor, con compasiòn. Hagan amistad con su mente y no se apresuren a
imponerle paz. La paz forzada no es paz. Y no traten de aquietarla;
la quietud no es la vìa.
El silencio no es quietud. El silencio es algo que sucede. La quietud
es producto del controol. La persona que se sienta en postura de yoga
para controlar su cuerpo y obligarse a concentrarse en algo (en
Kishna, en Cristo, en la repeticiòn de un mantra o en cualquier otra
cosa) sencillamente està esforzàndose por controlar su concentraciòn,
creando un falso sustituto.
El verdadero silencio no es forzado. El verdadero silencio viene con
la comprensiòn. Traten de observar la mente para comprender por què
insiste en hacer tanto ruido. Esos ruidos deben contener algùn
mensaje. Si escudriñan los sueños de la mente podràn ver que, aunque
parezcan absurdos, quizàs encierren algùn mensaje del inconsciente.
Con sòlo cortar esos mensajes no podràn crecer, porque estaràn
acallando su propio inconsciente. Cuando aquietas la mente lo ùnico
que hacen es aquietar el inconsciente, negàndose a oìr lo que este
tiene que decir.
Pero el inconsciente tiene cosas valiosas que decir (el psicoanàlisis
es prueba de ello). Ademàs el incosnciente està en mayor sintonìa con
Dios que el denominado consciente. Pero el consciente se empeña en
silenciar al inconsciente.
Osho- El Principio Zen

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